06/02/2026
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Imaginemos por un momento una mesa sencilla, sin jerarquías ni cabeceras. Alrededor de ella se sientan John C. Maxwell, Simon Sinek, Stephen R. Covey, Tom Peters y Peter Drucker. No compiten por imponer su modelo ni por demostrar quién tiene razón. Escuchan, contrastan ideas, discrepan con respeto y sorprendentemente, coinciden en lo esencial. Porque, aunque sus trayectorias, contextos y estilos sean distintos, todos parten de una convicción profunda: el liderazgo no es un cargo, es una responsabilidad humana.
Me imagino el diálogo entre ellos alrededor de principios comunes que a día de hoy nos inspiran a la hora de definir e implementar Programas de Liderazgo y cambio cultural:
El liderazgo trata de influencia, no de autoridad
Maxwell lo diría sin rodeos: liderar es influir. Covey asentiría, recordándonos que la verdadera autoridad no se impone, se gana. Drucker añadiría que el liderazgo solo existe si hay resultados y personas que eligen seguirte. Sinek hablaría de confianza. Peters, de coherencia diaria.
Todos coincidirían en algo incómodo pero liberador: los títulos no crean líderes; el comportamiento sí.
El líder está al servicio de las personas
La conversación giraría rápidamente hacia las personas. Sinek hablaría de crear círculos de seguridad. Covey insistiría en el liderazgo servidor. Maxwell recordaría que un líder se mide por su capacidad de desarrollar a otros. Drucker subrayaría la responsabilidad que implica liderar. Peters pondría el foco en la obsesión genuina por el talento.
Aquí no habría duda: liderar no es controlar, es cuidar, desarrollar y servir.
Valores, propósito y ética como base del liderazgo
En esa mesa no habría espacio para el cinismo. Sinek llevaría la conversación al “por qué”. Covey la anclaría en principios universales. Drucker sería tajante con la integridad. Maxwell hablaría de carácter. Peters exigiría autenticidad.
El consenso sería claro: sin valores no hay liderazgo sostenible, y el “cómo” y el “para qué” importan tanto como el “qué”.
Liderazgo centrado en las personas con altas expectativas de rendimiento
Lejos de una visión ingenua, Drucker recordaría que el liderazgo se mide por resultados. Peters hablaría de excelencia en la ejecución. Covey distinguiría entre eficiencia y efectividad. Maxwell y Sinek coincidirían en que los resultados duraderos nacen del compromiso.
El mensaje sería rotundo: las personas importan porque los resultados importan.
Desarrollar líderes en lugar de crear dependencia
Maxwell hablaría de la ley de la reproducción. Covey de empoderamiento y confianza. Drucker del conocimiento como ventaja competitiva. Peters de pasión por el talento. Sinek de equipos fuertes que generan líderes fuertes.
La conclusión sería inevitable: el liderazgo se valida cuando la organización puede crecer sin depender de una sola persona.
Aprender, adaptarse, renovarse
Antes de levantarse de la mesa, todos coincidirían en una última idea: el liderazgo no se alcanza, se practica. Drucker hablaría de aprendizaje permanente. Peters de experimentar y actuar. Covey de “afilar la sierra”. Maxwell de crecimiento personal. Sinek de adaptarse a la incertidumbre.
Porque liderar es un proceso vivo, no un estado alcanzado.
Si estos “gurus” compartieran mesa, no saldría un modelo único, pero sí una visión poderosa y coherente del liderazgo moderno:
humano, ético, con propósito, orientado a resultados y profundamente centrado en las personas.
Quizá la verdadera pregunta no sea qué pasaría si ellos se sentaran juntos, sino:
¿Qué pasaría si quienes hoy lideran organizaciones decidieran aplicar, de verdad, estas ideas en su día a día?
Ahí sí empezarían los cambios reales.